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martes, 10 de septiembre de 2013

Temores nocturnos


"Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz; sino haciendo consciente su propia oscuridad"

                                    Carl G. Jung


Ernie Deadly Night por Benjamin Lacombe



Mi casita donde me mudé hace poco, la quiero y la amo. Yo misma pinté el placard, colgué los cuadros, puse imanes en la heladera. Vinieron a visitarme amigos, gente que quiero. Siempre comentamos con Evaristo lo bien que se siente aquí.

Y ahora, otra vez este ánimo persecuta. Dormir. No podía dormir. Hay un ruido de la heladera que me aqueja – cada vez que arranca, cada 15 minutos – hay un malestar que me desgana. No sé si será mío, será del ambiente, o será la curiosa entropía que me designa un caos donde menos lo necesito: mi propia casa.
Siempre sentí cosas, desde chica. Soy muy perceptiva a los ambientes, a los cambios de clima. Para mí siempre fue un misterio la noche, y mi tía me contaba que me pasaba mirando por la ventana desde las siete de la tarde para entender como sucedía el cambio. 

Hace dos días, la luna se cruzó con Venus. Fue algo hermoso. Tuve un fin de semana de sueño, vi gente que quiero. Pero a la noche… siempre estoy tonta y asustadiza. Cualquier ruido me sobresalta, cualquier asomo de dormirme me vuelve a despertar. ¿Qué será? Seré yo, ¿será algo? Siempre hay un poco de masoquismo en ponerse a pensar estupideces a la noche… que entre alguien, o algo. Que me arrebate algo mío.



La Luna y Venus, dom. 08-08-13.

Siempre leí cuentos de Cortázar, donde lo irreal irrumpe en escena. Cucarachas en la comida, casas tomadas… vampirismo. Gente que se come el alma. No quiero tener miedo y eso me hace tener miedo. Es como Constantine, con Keanu Reeves, no es que vea demonios pero sé que la vida está llena de ellos. Simbólicamente, o materializados alguna vez… allí están.


Emulando a Herman Hesse en Demian, la vida es la conjunción de todo, lo sagrado y lo profano, Dios y Diablo, todo junto, es todo el combo. Percibimos la bondad porque sabemos que también hay maldad. Y día a día, tomamos decisiones, que nunca están libradas al azar.

Hoy escuché esta fantástica canción de Charly García (pego el audio abajo para quien quiera escucharla), que rezaba un párrafo que dejo guardado en mí:



Nace una flor, todos los días sale el sol
de vez en cuando escuchas aquella voz.
Cómo de pan, gustosa de cantar, en los aleros de mi mente con las chicharras.
Pero a la vez existe un transformador
que te consume lo mejor que tenés
te tira atrás, te pide más y más
y llega un punto en que no querés.


Mama la libertad, siempre la llevarás
dentro del corazón
te pueden corromper
te puedes olvidar
pero ella siempre está.



Según Clarissa Pinkola Estés, las mujeres sueñan a veces con el hombre oscuro de los sueños de las mujeres. Algún tipo de arquetipo del inconsciente colectivo. No queremos que nos arrebaten nuestros sueños y nuestra libertad. Pero hoy escuché la canción que dice que ella siempre está. La libertad de elegir. Sigo con mis fantasmas nocturnos. Pero también está ella. Y eso es un alivio. Quizás esta noche, antes de apagar la luz, la piense. Y me de un calorcito en el corazón. Que me abrigue hasta que salga el sol.

Imagen del blog de María


martes, 9 de julio de 2013

Genealogía de una bruja - Álbum ilustrado.


Pasó un buen tiempo desde que hice mi última reseña sobre algún libro. Esta vez, quiero hablar del álbum ilustrado Genealogía de una bruja, de Benjamin Lacombe y Sébastien Perez 





El álbum ilustrado es un género que cobró importancia más o menos desde los años '60, con el boom de la ilustración a color pero que está muy en boga estos días, inserto en  nuestra indiscutible cultura de la imagen.

Se caracteriza por combinar en una página texto e imagen, y en este caso tenemos como ilustrador al famoso Benjamien Lacombe, que se encargó de ilustrar este libro que es - para mí - una auténtica joya.



La edición consta de dos libros complementarios. 


"La pequeña bruja" cuenta la historia de Lisbeth, una niña que visita a su abuela todas las vacaciones y en uno de sus viajes descubre por qué tenía el don de poder terminar las frases de otros: Lisbeth era una bruja. Y su abuela, Olga, también.




Gracias a su poder de bruja, Lisbeth ayuda a aparecer a su amigo Edward, un niño tartamudo al que Lisbeth siempre ayudaba a terminar las frases, y la historia tiene su final feliz.




Es ahí donde entra en escena el segundo libro (mi preferido) que habla de toda esta estirpe de brujas, auténticas mujeres cuyas historias se combinan con grandes personajes de la humanidad, en donde se mezclan historia y fantasía, realidad y ficción. Es así como aparecen Juana de Arco, la madrastra de blanca Nieves, su abuela Olga y hasta la mísmisa mujer que se tranformó en la Mona Lisa como auténticas brujas. Al final de la genealogía, aparece ella misma, Lisbeth.





Una de mis más hermosas adquisiciones en materia librística este último tiempo. :) ésta es la contratapa.




Si les gustó este librito, pueden curiosear en el sitio en Facebook de Benjamin Lacombe.